Hace poco escuché a unos compañeros de mi facultad nombrar uno de los grandes mitos sobre la homosexualidad: “uno debe jotear cinco minutos diarios para que no se te junte”. A primera vista es algo de risa pero después de unos cuantos minutos de carcajadas y otros cuantos de reflexión me queda un mal sabor de boca. Si bien no tengo nada en contra de jotear, no me parece esto correcto en ningún sentido –heme aquí, una vez más, descubriendo el hilo negro.
Me parece gracioso en un aspecto: la creencia sobre acumular sentimientos y dejarlos relucir a la luz durante cinco minutos diarios y que dicha acción va a prevenir el cambio de preferencia sexual. ¿Son acaso tan ingenuos como para creer dichas afirmaciones? La respuesta es sí.
Supongamos por un momento que dicha afirmación es verdadera. Uno cambia de preferencia sexual al momento de no ‘jotear’ cinco minutos diarios. Ahora veamos a la sociedad en la historia desde los griegos, donde predominaba el estereotipo del macho-yo-no-se-nada-de-sentimientos y consideremos a dicho estereotipo como negligente de dichas precauciones. Este tipo de macho, a lo largo de su vida, habrá acumulado gran cantidad de “materia homosexual” –como lo llamaremos para fines prácticos. Y eventualmente jamás habrá de querer algo con las mujeres. Teniendo en cuenta la esperanza de vida en épocas pasadas, y la gran cantidad de machos empedernidos reprimidos desde nacimiento, podemos pensar en una edad aproximada de la realización de la homosexualidad cercana a los catorce o quince años –o muy probablemente en la pubertad. Tomando en cuenta que un gran porcentaje de los hombres era de esta índole, entonces la tasa de natalidad debió siempre ser cercana a cero.
Si vemos estas suposiciones, llegamos a dos posibles conclusiones. La primera, no debería haber humanidad dado el supuesto. La segunda: la gente debería tener más cuidado en hacer suposiciones y empezar más a aceptar el amor fraternal y su expresión como algo normal. Maldita gente reprimida e insensible.
Me parece gracioso en un aspecto: la creencia sobre acumular sentimientos y dejarlos relucir a la luz durante cinco minutos diarios y que dicha acción va a prevenir el cambio de preferencia sexual. ¿Son acaso tan ingenuos como para creer dichas afirmaciones? La respuesta es sí.
Supongamos por un momento que dicha afirmación es verdadera. Uno cambia de preferencia sexual al momento de no ‘jotear’ cinco minutos diarios. Ahora veamos a la sociedad en la historia desde los griegos, donde predominaba el estereotipo del macho-yo-no-se-nada-de-sentimientos y consideremos a dicho estereotipo como negligente de dichas precauciones. Este tipo de macho, a lo largo de su vida, habrá acumulado gran cantidad de “materia homosexual” –como lo llamaremos para fines prácticos. Y eventualmente jamás habrá de querer algo con las mujeres. Teniendo en cuenta la esperanza de vida en épocas pasadas, y la gran cantidad de machos empedernidos reprimidos desde nacimiento, podemos pensar en una edad aproximada de la realización de la homosexualidad cercana a los catorce o quince años –o muy probablemente en la pubertad. Tomando en cuenta que un gran porcentaje de los hombres era de esta índole, entonces la tasa de natalidad debió siempre ser cercana a cero.
Si vemos estas suposiciones, llegamos a dos posibles conclusiones. La primera, no debería haber humanidad dado el supuesto. La segunda: la gente debería tener más cuidado en hacer suposiciones y empezar más a aceptar el amor fraternal y su expresión como algo normal. Maldita gente reprimida e insensible.

