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De trabajar con viejas...

jueves, 5 de noviembre de 2009

Primero Felicitaciones A Este Blog Que Me Permite Malabarear Aquí. En Sus Quince Tendrá Sus Chambelanes Y Vestido De Pastel.
Así Sea.

No soy misógina, aunque mis palabras pudieran resonar en sus cabezas como tal. Pero quien trabaje con mujeres me va a entender, ¡¡oh, ES-NIF!!

Las reuniones de trabajo se volvieron en la junta del chisme, con galletas y café, nomás falta el tejido, para formar el bonito cuadro.

Estas mujeres, que tienen la dicha de laborar conmigo, son de lo PEOR. Aunque se dice que nunca se puede llegar a tal grado... y me siento muy débil como para esperar que suceda algo más gacho, pero bueno...

Se dicen muchas cosas y se llega a muy poco. Son envidiosas, te hacen malas caras, se preocupan por la ubicación del espejo en el baño. Ponen cara de guácala a casi todo.
Hacen comentarios sobre uñas, cosméticos, que si el pantalón te saca la lonja.
No ven películas de Batman y poco les importa que una quiera aprender a hablar francés por culpa de Amelí y Persépolis...

Hacen comentarios sobre mi falta de higiene personal y se ríen de que no me peine, digo no soy una puerca pero tampoco me ando preocupando por oler a flores, aunque mi concubino dice que huelo a niña, creo que es pedófilo, el muchachito este... en fin.

¿Por qué será que es así? ¿Por qué somos tan rolleras y no vamos al grano, cuando por lo regular los machines lo hacen? Y ojo: no estoy generalizando, neta.

Saco esto a colación, ya que tuiteé hace un rato que estaba de la rechingada trabajar con puras viejas. Heterosexuales además. Alguien me contestó: qué envidia, y respondí que no eran guapas ni se maquillaban, no usaban minifalda así, y sentí que estaba dándoles a las féminas el papel decorativo que tantas empresas avalan.

Y me di pena propia.

O es culpa del propio género, de algunas pues, el esmero en el arreglo personal, el que nos convierte en un bonito adorno en la casa, la escuela y la oficina...