Sales con una gran sonrisa de su oficina. Quince días de vacaciones pagadas te ofreció pero sólo aceptaste una semana. ¿Qué más se podía esperar de ti? La ansiedad por salir te invade, no puedes esperar más por tener esos boletos en tus manos. "Las 5:30, ya casi es hora de salir", 5:46, guardas tus cosas, revisas que todo está en su lugar. No tienes más trabajo, sin embargo tu hora de salida es a las 6:00 y no porque todos se vayan antes tú debes hacerlo también. Las seis. Te vas corriendo, quieres llegar a tu casa ya.
Tropiezas con la puerta, pateas accidentamente al gato de tu madre y te golpeas un dedo del pie al entrar a tu casa. Corres a tu cuarto, prendes la computadora y no puedes esperarlo más. Ahí estás, comprando tu boleto a Budapest, de ahí tomarás un autobús que te llevará directo a Palevú; Ubicado entre la frontera de Hungría y Eslovaquia; Un país totalmente cosmopolita, menos de 1,000 habitantes, 5 idiomas oficiales, no tendrías problema para hacerte entender, es tu sueño. Ya quieres que sea viernes.
Los días se te hacen eternos. A todos les dices que irás a Londres. Y en tu casa saben que irás a Hungría y no entienden porqué has elegido un país tan aburrido como ese para pasar unas vacaciones, no lo saben, pero no te importa.
El viernes llega al fin, sales antes como lo habías previsto. Puntual en el aeropuerto. Tu avión sale a tiempo. Dieciseis horas de viaje, dieciseis eternas horas pasan y tú, sonríes cada vez que piensas que estás más cerca. Al llegar a Budapest, sigues las instrucciones, sabes a donde ir, no debes preguntar, todos sabrán a qué vas a Palevú y aunque no te conocen no quieres que nadie se entere.
Después de un largo recorrido en autobús llegas. Quedas maravilado, todo es tan colorido, todo se ve tan distinto. Nada que ver con lo que tú conoces. Nadie te voltea a ver. Ves a un hombre vestido de mujer, ora una mujer vestida de hombre, ora un... No, no importa, qué importa lo que sea. Este es el país donde no hay etiquetas. El país en donde todos son ciudadanos simplemente.
Llegas a tu hotel, botas todo y te alistas. Ya quieres salir. Hoy verás lo que tanto tiempo ansiaste conocer, lo que te imaginabas que nunca vivirías, pero estás ahí. Llegas a Kävanh, uno de los lugares más famosos y visitado de todo Palevú. Te sientes el rey, no, la reina de la noche.
Fuera gestos, fuera poses, fuera todo, aquí no importa quien eres y qué buscas. Alguien se te acerca y te dice algo en un idioma que no entiendes. Se da cuenta y hace un ademán pidiendo un cigarro. Se lo das y le sonríes. Te invita una copa. Le agradeces y la aceptas, te besa el cuello y te alejas instintivamente, pero... Qué importa, si estás en Palevú, qué importa si nadie te conoce. Te acercas y lo besas. Todo da vueltas alrededor de ti. La música suena y sus besos se pierden al ritmo de ella.
Te toma de la mano y te lleva a los baños. Te sorprende que sea sólo uno. "Baños/Restrooms/Toilletes/Toelette/Toiletten" es todo lo que dice, ninguna separación de hombres y mujeres. Al entrar ves que hay de todo tipo de parejas ahí dentro. Te diriges a uno de los cubículos y te entregas a la pasión, al ambiente, a él.
Han pasado unas horas y tu cuerpo ya está bajo los efectos de altas cantidades de alcohol y otras sustancias que has ingerido pero quieres seguir disfrutando de tu primera noche en Palevú, es mejor de lo que esperas. Él, tu chico no ha regresado desde que se fue siguiendo a un tipo guapísimo y dijo que volvería, que sólo iba a saludarlo, bueno, eso entendiste. Una chica se te acerca y te sonríe, tú no le correspondes. Un chico se te acerca y te besa de la nada, le correspondes, otro más, otro más. Un patrón que se repite toda la noche.
Ya pasaron cinco días, cada día ha sido igual o más intenso que el anterior. Te preparas para salir de nuevo. Mientras te ves al espejo ves de reojo el reflejo tu maleta y te das cuenta que sólo te quedan dos días más, y que a pesar de toda la compañía que has tenido en estos días regresarás a casa tan solo como llegaste, o más aún. Vacío, vacío del corazón, vacío de sentimientos y... "No, no" No estás dispuesto a arruinarte la noche, sales y tomas el taxi.
Al encontrarte con la misma gente, en el mismo lugar que religiosamente has visitado cada día te entra una angustia indescriptibe, una desesperación insospechada. Ves a la gente y crees que es escenografía. Descubres que Palevú no es el lugar que esperabas. Sí lleno de diversión, sí lleno de alegría y fantasía. Sí, no te arrepientes de haberlo conocido pero no es tu mundo y lo sabes. Te sientes tan mal que corres a la barra y te sientas, quieres olvidar todo, quieres perderte. Ya quieres regresar. Alguien se te acerca y te besa. Lo rechazas y das la vuelta. Otro más, otro más y otro...
Esta noche sólo te dejas acompañar por el alcohol y por nadie más, esa sensación de vacío no te lo permite. Tomas más y más. Te pierdes. Tomas más y más. Bailas en la pista tú solo, con unos pasos que nadie envidiaría. Tomas más y más. Besas a más desconocidos. Tomas más y más. Vomitas sobre la mesa de alguien que está peor que tú y no se da cuenta. Tomas más y mas. Te echan del lugar, caes, lloras y te duermes...
...Despiertas, el lugar te parece conocido. La vista aún te engaña, hay mucha luz. Te levantas y metes tus manos en tus bolsillos. "Todo en orden" piensas. Delante de ti, un folleto tirado que crees reconocer. Sí, te lo dieron hace unos días. Lo tomas y lo lees "Palevú, un lugar diferente, un lugar de ambiente donde no existen los prejuicios. Gran inauguración este sábado".
Se te hace tarde para ir a trabajar.




