Yo y la gripa

martes, 18 de agosto de 2009

Tengo una relación enfermiza con la gripe. La amo y la odio con todo mi ser. Nuestro primer encuentro no lo recuerdo. Seguro fue muy pronto en mi vida y seguro ella tampoco lo recuerda. Sin embargo, nuestro amor floreció cuando estaba yo en preescolar. Un día llegó desprevenida y en la madrugada, me obligó a caminar al cuarto de mis padres a media noche para decirles que me sentía muy mal. Fiebre, escurrimiento nasal, tos estornudos, todos presentes en mí. El resultado fue días enteros con ella en cama viendo la televisión en lugar de estar sentado en mi pequeño pupitre de madera al frente del salón con mis compañeritos.

Era hermoso. La generalidad era pasar una semana con ella. Los primeros tres días casi muerto, los últimos dos de recuperación. Nos revolcábamos en cama viendo repeticiones de programas y caricaturas de los años sesentas y setentas. Mis padres no nos comprendían y siempre intentaron separarnos. Desde jarabes con sabor dulce-amargo hasta las dolorosas inyecciones en mis entonces tiernos glúteos. Ella siempre fue quien cedió. A los pocos días de haber mis padres empleado sus métodos, ella me abandonaba a la terrible soledad, dejándome para añorarle. Nunca supe si para ella era la separación tan dolorosa como lo era para mí.

Bailábamos un extraño vals. Yo me hacía el vulnerable para convivir con ella y ella se hacía la difícil. Mis padres me mantenían al margen con sus abrigos y cuidados. Después de muchos intentos, ella me buscaba, yo la buscaba y nos encontrábamos. Era una explosión de felicidad. Mi cuerpo adolorido por toser y estornudar –odio estornudar-, la congestión, fiebre y delirios. Nos encontrábamos por unas cuantas semanas cada unos cuantos meses.

Pero todo se fue demacrando cada vez más. Cada vez su estancia era más corta y mis exilios a mi cuarto y cama se reducían a unos tres o cuatro días si nos iba bien. Me quitaba el sueño y no me tenía tan acomodado. El tiempo siguió pasando y las cosas iban de mal en peor. Llegó la preparatoria y faltar no era una opción y jamás lo volvería a ser. No por enfermedad al menos.

Dejé de intentar topármela en todos lados y nuestros encuentros se volvieron muy intermitentes. Una vez a final de año sin nos iba bien. Su carácter hacía que me visitara con gran euforia, tirándome siempre más de una semana en cama, pero siempre en vacaciones.
El colmo fue esa última vez. Llegó repentina y sin ser buscada. Unos pocos días con fiebre, unos pocos días con estornudo y fueron escalando a semanas con fiebre, flemas, tos. Temperaturas cerca de los cuarenta grados de una hora a otra, cuerpo cortado y una bronquitis adquirida en pocas horas. Parecía Influenza, pero no lo era. Duró varios meses con intermitencias.

Hoy en día sólo me atacan algunas intensas alergias que se parecen a ella pero jamás llegan a igualarla. Jamás llegan a ser tan candentes, divertidas y relajantes. Traen lo malo de ella, pero jamás lo bueno. Salgo con ellas a la escuela y me aguanto el cuerpo cortado, el dolor de cabeza y estornudar cada dos minutos. Se me tapan los oídos y la garganta se reseca, pero jamás me enferman con ella. Sólo la emulan burdamente y yo por pura nostalgia la aguanto hasta llegar a casa donde me tomo un vasito de Benadryl, un Tylenol y me tumbo en mi cama a dormir esperando despertar sintiéndome mejor y sin añorarla.

11 comentarios:

Borchácalas dijo...

Sí, es una metáfora.



Xellif dijo...

es una linda metáfora pero si me recordo a mi relación real con la gripa, por cierto sorry por lo de mi segundo post, pero pensé que ya no postearias y publicamos casi al mismo tiempo ¬¬



Natalia M dijo...

Interesante... finalmente así es la dinámica...

No pude evitar fijarme en eso de 'en mi pequeño pupitre de madera frente al salón con mis compañeritos' Jaja osea que siempre te sentaban fuera del salòn? O por qué tu pupitre estaba frente al salón? jaja XD

Ay perdón ando de simple u.u Saludos



Borchácalas dijo...

No, era de los que sentaban hasta enfrente... Triste pero cierto.



«j·m·p...» dijo...

uy… creo que mis estornudos recientes son de esa gripe >_<

no es bueno, nada bueno ¬¬U



ge zeta dijo...

Qué bonito relato. Así son todas esas relaciones enfermizas.

Saludos



Beckiee dijo...

aww, que historia tan conmovedora y no me digas ahora no la quieres ni ver a la maldita.

que estes bien



Borchácalas dijo...

Pues no, después de haber tenido que cuidarme yo sólo las fiebres de cuarenta y tantos y tener que salir por medicinas con fiebre a mitad de la noche y hacerme mis comidas y todo con fiebre, decubrí que no era tan bella.

Aunque si vinieron a cuidarme de vez en vez. Ah, a veces si era bello



Lyan dijo...

Wow! Que bonito, la verdad no pude evitar sentir feo por la joven Gripe, tan incomprendida.

Buen post.

Saludos



nerdest dijo...

me encanta como escribes, borch, :)



Anónimo dijo...

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